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viernes, 3 de febrero de 2012
SENTIDO COMÚN
jueves, 22 de diciembre de 2011
Estado de la seguridad: Riesgo en la actividad turística
Por: Jorge Amonzabel
Las estadísticas del incremento de la actividad delincuencial y criminal en las sociedades es una alerta para quienes planifican y trabajan en el turismo. No es lejano, que la actividad del crimen organizado utiliza la actividad turística en sus diversas manifestaciones, como medio para introducir la droga. Lavar dinero y esconderse de la polícia. Países productores y consumidores, tienen altos índices de negocios ilícitos que, valiéndose del entretenimiento logra grandes réditos.
Los gobiernos y, en particular; las autoridades del turismo deben cuidar su territorio y la saludable recepción y estancia de sus visitantes. Por ello, deben imponer controles más estrictos a la actividad criminal, no solo de las amenazas a la seguridad física, sino también de las amenazas contra la propiedad privada, privacidad de las personas y, sobre todo; de la actividad empresarial. El crimen, ya no limita sus actividades dentro de un territorio. Ha borrado fronteras y se ha introducido en todas las actividades regulares de un Estado. El comercio es una de las más afectadas. El turismo, en cuanto a sus ventajas de integración e intercambio entre países, es un buen móvil para fomentar el tráfico de estupefacientes, introducción de dinero sucio y la inducción al consumo del alcohol y los fármacos de nativos y visitantes.
Es importante preservar la salud de las personas y tener una sociedad saludable. No solo sin enfermedades, sino también sin ambientes nocivos y propensos a fomentar el consumo de alcohol y droga. El turismo como fenómeno es algo que no podremos detener, pero sí controlarlo. La actividad del turismo, es necesaria y se desarrolla de manera progresiva ante la demanda y nuevas conductas de las personas. Por ello, algunos países tienen políticas públicas claras sobre el crimen internacional y local y, resguardan de toda amenaza a sus habitantes. Es importante mantener alerta contra el crimen organizado y las presiones de sectores relacionados con la mafia y los delincuentes. Por consiguiente, la hotelería y los servicios de restaurante, el transporte, las agencias, los operadores y toda empresa de turismo deben rechazar toda injerencia o “extorsión” que debilite la salud de la sociedad.
Los gobiernos, no deben descansar en la lucha contra el crimen organizado y actividades ilícitas. En bien de sus habitantes deben sancionar y mitigar actividades ilícitas emergentes y establecer mecanismos de transparencia en el control de la actividad turística. La criminalidad ya no es lucha de un Estado, es una necesidad de defensa de todos los Estados. El crimen afecta a países y sus sociedades. Por ello, las alianzas de la empresa turística con las instancias de seguridad deben ser permanentes. Asimismo, entre empresas similares y de servicios conexos.
Además de los reportes, que regularmente los hoteles otorgan a la policía, las listas de viajeros del transporte y, otros documentos y memorias que deben llenar las empresas de la actividad turística; es necesario mejorar las competencias y alcances de: La autoridad del sector y las instancias competentes para la emisión de pasaportes, control de transporte aéreo, marítimo y terrestre; aduanas y migración. (J. Amonzabel)
Escritores-Bolivia
sábado, 18 de junio de 2011
PARA SER UN VIGILANTE DE LA SEGURIDAD
Por: Jorge Amonzabel
Cumplir todas las normas expuestos en los distintos lugares que uno visita, camina o vive, es un principio de seguridad. Advertir de nuevos letreros con leyendas de consejo y respetar, es un principio que otorga seguridad. No fumar, no pisar el césped, no correr, no caminar en suelo mojado; son leyendas que advierten del peligro y anticipan una vida cómoda y segura. Señalar a toda persona, niño o adulto de las advertencias de seguridad es anticiparse a hechos de peligro en cadena o circunstancias pavorosas en la vida. Toda leyenda, aviso o advertencia de seguridad, constituyen normas que deben ser cumplidas.
En la casa, en el lugar de estudio y trabajo; escuchar a la madre o padres, al anfitrión, al Jefe, al profesor o al personal de seguridad sobre advertencias de sitios, objetos, lugares o personas; evita accidentes, hechos de peligro, debilidad en la seguridad y falta de prevención a desastres. Denunciar un mal uso de sitios, objetos, lugares y acciones hostiles o irresponsables de personas, no es un acto de cobardía, es un aporte a la seguridad. Informar o Denunciar un accidentes o incidente de inseguridad es obligación de uno y quienes están presentes o afectados. Si usted es portador de objetos peligrosos o esta realizando acciones de riesgo, debe hacerlas conocer a los que conviven con usted, a quienes son expertos de los riesgos que conlleva realizar esa actividad y a quienes no podrían participar y están involucrados.
Correr distraído es inseguro. Realizar una tarea, un trabajo o hecho en medio de un desorden es arriesgado. Las experiencias de retar al peligro o someterse a condiciones riesgosas sin prevenir el peligro, son inseguras para usted y sus acompañantes o familiares. Espacios sucios, áreas desordenadas, falta de mantenimiento o escoso mantenimiento de instalaciones, equipos, máquinas y vehículos; son propensos a causar daño físico e inminente lugar de accidentes con conocidas consecuencias.
Personas experimentadas en prevención de riesgos y desastres o en seguridad física o del comportamiento, caen en serios accidentes por personas irresponsables y trabajadores porfiados. Aún los experimentados están sujetos a las buenas prácticas de limpieza, orden, organización y advertencias. (JA)
Escritores-Bolivia
Cumplir todas las normas expuestos en los distintos lugares que uno visita, camina o vive, es un principio de seguridad. Advertir de nuevos letreros con leyendas de consejo y respetar, es un principio que otorga seguridad. No fumar, no pisar el césped, no correr, no caminar en suelo mojado; son leyendas que advierten del peligro y anticipan una vida cómoda y segura. Señalar a toda persona, niño o adulto de las advertencias de seguridad es anticiparse a hechos de peligro en cadena o circunstancias pavorosas en la vida. Toda leyenda, aviso o advertencia de seguridad, constituyen normas que deben ser cumplidas.
En la casa, en el lugar de estudio y trabajo; escuchar a la madre o padres, al anfitrión, al Jefe, al profesor o al personal de seguridad sobre advertencias de sitios, objetos, lugares o personas; evita accidentes, hechos de peligro, debilidad en la seguridad y falta de prevención a desastres. Denunciar un mal uso de sitios, objetos, lugares y acciones hostiles o irresponsables de personas, no es un acto de cobardía, es un aporte a la seguridad. Informar o Denunciar un accidentes o incidente de inseguridad es obligación de uno y quienes están presentes o afectados. Si usted es portador de objetos peligrosos o esta realizando acciones de riesgo, debe hacerlas conocer a los que conviven con usted, a quienes son expertos de los riesgos que conlleva realizar esa actividad y a quienes no podrían participar y están involucrados.
Correr distraído es inseguro. Realizar una tarea, un trabajo o hecho en medio de un desorden es arriesgado. Las experiencias de retar al peligro o someterse a condiciones riesgosas sin prevenir el peligro, son inseguras para usted y sus acompañantes o familiares. Espacios sucios, áreas desordenadas, falta de mantenimiento o escoso mantenimiento de instalaciones, equipos, máquinas y vehículos; son propensos a causar daño físico e inminente lugar de accidentes con conocidas consecuencias.
Personas experimentadas en prevención de riesgos y desastres o en seguridad física o del comportamiento, caen en serios accidentes por personas irresponsables y trabajadores porfiados. Aún los experimentados están sujetos a las buenas prácticas de limpieza, orden, organización y advertencias. (JA)
Escritores-Bolivia
viernes, 27 de mayo de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
CIUDADES REFUGIO, HOY CIUDADES INSEGURAS
Por Jorge Amonzabel
Las personas que nacieron en las ciudades desconocen que éstas fueron las primeras protecciones para los humanos que querían vivir en paz. Por ello, la gente del campo, en su afán de tener seguridad recurre a ellas. Recorren kilómetros de kilómetros y rebasan su identidad para estar protegidos. Las razones de hacer dinero, de encontrar alimento o de vivir bien, son consecuencia de buscar seguridad.
La periferia, que se forma en las urbes, no es sólo la gente que llega a la ciudad y está segura. Sino que aun en el desconocimiento de quienes habitan este territorio del centro y del contorno de la ciudad, tienen desconfianza. Por ello la periferia, es un inicio obligado para algunos. Con una economía distinta a la del centro de la ciudad y con personas de distintos lugares, se conforman conglomerados que se ayudan entre sí, aún en desconfianza. Haciendo una familia que aun no comulga con la sociedad del centro. Para alcanzar al centro deben incursionar en él. Trabajando, sirviendo y aprendiendo. El habilitarse con educarse ayuda. Lo cual a veces, es difícil.
No es posible conformar una ciudad desarrollada y permeable si las autoridades de turno no aseguran a sus habitantes en los lugares donde viven. Si hay seguridad en el campo, éstos no buscan ciudades, las utilizan o las proveen y disfrutan de lo que tienen. Las normas del campo son distintas a las vigentes en las metrópolis y por ello hay un choque cultural de quienes se aproximan a las ciudades en búsqueda de seguridad. En el campo no hay ley, no hay disposiciones estables que regulen su accionar. Estas son desconocidas o por su naturaleza de libertad “natural” en el sitio donde se habita; afecta en las afueras de las urbes, porque el individuo se moviliza en medio de una dualidad campo-ciudad.
Quienes han iniciado las ciudades o, se adueñaron de ellas; han perdido la dignidad de responder a la humanidad, porque su reparo en quienes llegan, es la economía que manejan. Quieren apropiarse de tierras, quieren monopolizar la actividad comercial, quieren impedir nuevas iniciativas, están dispuestos a eliminar a quien perjudique se negocio. Esto, impide a quienes llega a la capital a integrarse a ser identificados con la ciudad. Por ello quienes administran ciudades o dirigen el crecimiento de ellas, deben pensar primero en humanizar las ciudades, hacer del hombre y de la mujer el foco de atención. Luego hacer una adecuación de las reglas y normas a la realidad de quienes habitan la ciudad.
La solidaridad es una manifestación ocasional en las ciudades y con frecuencia justifica la maldad y el odio a otros. Necesitamos de compañerismo, respeto y de convivencia entre iguales para protección mutua. Quien llega no es una amenaza, quien se aproxima a la ciudad no es un riesgo. La ciudad y quienes habitan ese territorio son los que deben impedir toda sensación de inseguridad y por ello deben recibir a quienes llegan para asentarse y contribuir. Una estructura firme de autoridad, con normas y procedimientos aplicables; son las mejores armas ante las invasiones pacificas de quienes entran al centro o se quedan en la periferia. Un elemento capacitado, con sentimiento de libertad y de orden, ayudan a integrar a los “desconocidos”, incluyen a quienes son diversos y aglutinan a todos con las mismas normas. Una base firme de funcionamiento de la administración y de la gestión en las ciudades garantiza armonía en la convivencia y en la producción.
No debemos poner barreras a los intentos que realizan los recién llegados en integrarse. Cuidar la ciudad no es alejar a quienes llegan. Proteger a los habitantes del lugar no es maltratar a los que se arriman a la ciudad. Poner muros, no físicos, sino intangibles como los “prejuicios”, las aberrantes actitudes de rechazo a todo lo que se cuestiona o desconoce en la ciudad, la incomprensión de la interculturalidad y la transculturalidad; son ignorancias perjudiciales a la inclusión y fortaleza de la población.
Hablar del tejido social, si bien suena artístico; podría ser un inicio de entender la importancia y necesidad de integrar la diversidad de todos en las ciudades para hacer el refugio más seguro.(JA)
Escritores-Bolivia
Las personas que nacieron en las ciudades desconocen que éstas fueron las primeras protecciones para los humanos que querían vivir en paz. Por ello, la gente del campo, en su afán de tener seguridad recurre a ellas. Recorren kilómetros de kilómetros y rebasan su identidad para estar protegidos. Las razones de hacer dinero, de encontrar alimento o de vivir bien, son consecuencia de buscar seguridad.
La periferia, que se forma en las urbes, no es sólo la gente que llega a la ciudad y está segura. Sino que aun en el desconocimiento de quienes habitan este territorio del centro y del contorno de la ciudad, tienen desconfianza. Por ello la periferia, es un inicio obligado para algunos. Con una economía distinta a la del centro de la ciudad y con personas de distintos lugares, se conforman conglomerados que se ayudan entre sí, aún en desconfianza. Haciendo una familia que aun no comulga con la sociedad del centro. Para alcanzar al centro deben incursionar en él. Trabajando, sirviendo y aprendiendo. El habilitarse con educarse ayuda. Lo cual a veces, es difícil.
No es posible conformar una ciudad desarrollada y permeable si las autoridades de turno no aseguran a sus habitantes en los lugares donde viven. Si hay seguridad en el campo, éstos no buscan ciudades, las utilizan o las proveen y disfrutan de lo que tienen. Las normas del campo son distintas a las vigentes en las metrópolis y por ello hay un choque cultural de quienes se aproximan a las ciudades en búsqueda de seguridad. En el campo no hay ley, no hay disposiciones estables que regulen su accionar. Estas son desconocidas o por su naturaleza de libertad “natural” en el sitio donde se habita; afecta en las afueras de las urbes, porque el individuo se moviliza en medio de una dualidad campo-ciudad.
Quienes han iniciado las ciudades o, se adueñaron de ellas; han perdido la dignidad de responder a la humanidad, porque su reparo en quienes llegan, es la economía que manejan. Quieren apropiarse de tierras, quieren monopolizar la actividad comercial, quieren impedir nuevas iniciativas, están dispuestos a eliminar a quien perjudique se negocio. Esto, impide a quienes llega a la capital a integrarse a ser identificados con la ciudad. Por ello quienes administran ciudades o dirigen el crecimiento de ellas, deben pensar primero en humanizar las ciudades, hacer del hombre y de la mujer el foco de atención. Luego hacer una adecuación de las reglas y normas a la realidad de quienes habitan la ciudad.
La solidaridad es una manifestación ocasional en las ciudades y con frecuencia justifica la maldad y el odio a otros. Necesitamos de compañerismo, respeto y de convivencia entre iguales para protección mutua. Quien llega no es una amenaza, quien se aproxima a la ciudad no es un riesgo. La ciudad y quienes habitan ese territorio son los que deben impedir toda sensación de inseguridad y por ello deben recibir a quienes llegan para asentarse y contribuir. Una estructura firme de autoridad, con normas y procedimientos aplicables; son las mejores armas ante las invasiones pacificas de quienes entran al centro o se quedan en la periferia. Un elemento capacitado, con sentimiento de libertad y de orden, ayudan a integrar a los “desconocidos”, incluyen a quienes son diversos y aglutinan a todos con las mismas normas. Una base firme de funcionamiento de la administración y de la gestión en las ciudades garantiza armonía en la convivencia y en la producción.
No debemos poner barreras a los intentos que realizan los recién llegados en integrarse. Cuidar la ciudad no es alejar a quienes llegan. Proteger a los habitantes del lugar no es maltratar a los que se arriman a la ciudad. Poner muros, no físicos, sino intangibles como los “prejuicios”, las aberrantes actitudes de rechazo a todo lo que se cuestiona o desconoce en la ciudad, la incomprensión de la interculturalidad y la transculturalidad; son ignorancias perjudiciales a la inclusión y fortaleza de la población.
Hablar del tejido social, si bien suena artístico; podría ser un inicio de entender la importancia y necesidad de integrar la diversidad de todos en las ciudades para hacer el refugio más seguro.(JA)
Escritores-Bolivia
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martes, 1 de marzo de 2011
REFLEXION INTERNACIONAL: PROSPERIDAD Y SEGURIDAD INDIVIDUAL
Por: Jorge Amonzabel
Todos los gobiernos del mundo deberían estar atentos a las expectativas de los habitantes de su territorio. Saber diferenciar de las falsas ofertas y de las proposiciones inalcanzables. Como se escucha de parte de aquellos que tienen su profesión u oficio, quieren trabajar tranquilos y tener todos los servicios a su alcance. Su mayor molestia es que las actividades sean bloqueadas por desaciertos del gobierno o por interrupción de otros grupos que demandan condiciones de vida más llevaderas. Todos los habitantes quieren tener una sensación que todo les va bien, aunque no tengan lo que aspiran tener y esperan tenerlo alguna vez.
En la vida de las ciudades, la situación es más compleja, pero también superable por parte de las autoridades locales. Nadie quiere ser amedrentado por lo que es y hace o piensa, nadie quiere desconocer lo que será o previsiblemente ocurrirá el día siguiente y; nadie quiere tener una sensación de inseguridad con ninguna de las facetas diarias que enfrenta en su vida: Disponibilidad de alimentos, disponibilidad de transporte, trabajo o espacios de trabajo en sus potencialidades profesionales y de oficio; disponibilidad de unidades educativas para sus hijos, disponibilidad de centros de salud y atención médica, disponibilidad de puestos de trabajo para postular porque conoce y tiene experiencia o puestos laborales para sus conocidos o familiares. Espacios de distracción, espacios de recreo y de intercambio social, espacios de discusión libre y espacios de formación alternativa; etc. Nadie quiere ser condicionado en sus ideas y sus metas a desarrollar.
Sin embargo, hay limitaciones, hay estorbos y hay situaciones que hacen vivir a los habitantes de un territorio como indigentes, como perdedores o como víctimas del entorno y de su condición de ciudadano sometido a las normas. Las autoridades de gobierno nacionales y locales, en apariencia; son implacables en sus disposiciones y a veces ignorantes de las verdaderas aspiraciones de sus ciudadanos. Hacen las cosas más difíciles y, como si fueran todos; mantienen formatos condicionados sin distinción. Sean voluntarios o no, los hombres y mujeres tienen distintas visiones acerca de cada práctica. Los gobiernos desconocen las verdaderas motivaciones de sus ciudadanos y, está lejano el día en diferencien lo que estimule a cada quien, en su grupo o comunidad donde se desarrolla.
Es tiempo de evitar el capricho de autoridad y desechar paradigmas pasados de control y de dominio de los habitantes. Rechazar “clichés” de que todos son iguales o que nadie protestara. Los gobiernos locales, deben acercarse más a las personas y recuperar su confianza, escuchando, observando y sistematizando las experiencias de cada quién y de cada coyuntura. Todos los habitantes pueden coincidir en una razón de vivir y es que no “quieren ser molestados” en su diario vivir y en los hábitos que tienen. Hay muchas coincidencias entre los niños, los viejos, los adultos, los jóvenes y las mujeres y hombres. Coincidencias que pueden determinar un mínimo común de anhelos. Sin embargo, aún éstos, pueden tener variantes que, en materia de estimulación, pueden ser estudiados y detectados por área, género y por generación. La habilidad de los gobernantes esta en identificar a corto plazo, en el momento adecuado y en la situación prevista, qué y cuándo, debe responder a los deseo de sus habitantes. Se afirma que los ciudadanos, son exigentes y exigen lo que saben que pueden darles, no aquello que conocen que no pueden obtener. Esa debe ser la medida de los gobiernos en todos los sectores, ámbitos del quehacer humano y territorios que administran. (JA)
Escritores-Bolivia
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